jueves, 16 de febrero de 2017

Ligar la propia carne a la carne de la montaña






"Padre nuestro…dios te salve…mi dios de la montaña, señor de las cumbres. Frente al cielo inmenso yo digo mi oracion: 
Hazme un hombre ávido de altura y plenitud, recio como estos picachos altivos. amigo del silencio, contemplador de estrellas. Hazme generoso; que no me quede en la cumbre, que baje iluminado lleno de tu verdad y ayude en el valle a mis hermanos. Dame un corazón grande como el horizonte, indómito para la injusticia y la mentira, sediento en infinito que solo en ti se sacie".

Hugo Rodriguez (Alpinista)


“¡Id a las montañas! nosotros, los hombres, damos demasiadas respuestas
y cada día una diferente. Las montañas dan a cada uno su verdadera respuesta.”

"Aún no puedo separarme de la cima. (...) Este horizonte inmenso, las estrías del cielo: todo ello está más allá del lenguaje. No puedo acceder a tales sensaciones por medio del entendimiento.
Sencillamente, me quedo sentado aquí y dejo que ellas impresionen directamente mi alma. Y en seguida lo sé todo, sin dudas. Quiero perderme para siempre en el horizonte, en este crepúsculo de ahora."


Reihold Messner (Alpinista)



“Aprecio el por qué vengo a las montañas: no para conquistarlas sino para sumergirme en su inmensidad incomprensible —mucho mayor que nosotros—; para comprender mejor la humildad y la paciencia balanceadas en armonía, con el deseo de seguir siempre adelante; para obtener lo que las montañas ofrecen y regalarlo a largo plazo con buenos amigos y a fin de cuentas con mis propios hijos.”

Alex Lowe (Alpinista)

“Mundo extraño y maravilloso, que nos exige muchas virtudes, a menudo contradictorias: la audacia y la prudencia; el orgullo de ser hombre y la humildad de no ser más que eso; la más completa libertad y la más estricta disciplina; la solidaridad y la responsabilidad humana llevadas, si es preciso, hasta el sacrificio en ese gran ejercicio de la soledad.”

Georges Sonnier (Alpinista)

Qué diferente es el mundo desde aquí arriba: cimas, bosques, pedreras. Mirando de arriba abajo, cambian formas y perspectivas, y también los juicios.

Riccardo Bassin (Alpinista)

¿Por qué ascender a la montaña? “Porque esta ahí”

George Mallory"


Fuente de las citas: http://www.renemendez.com











Todas las fotografías pertenecen al extraordinario fotógrafo Saúl Santos Díaz http://www.fotonatura.org/galerias/2205/?offset=1.
Las primeras son de la Patagonia argentina, Glaciar Perito Moreno, Torres del Paine y Fitz Roy.
La última es del Pirineo Catalán, Parque Nacional de AigüesTortes





"De los sueños nacen las grandes alegrías de nuestra vida, los sueños son siempre necesarios, los prefiero a los recuerdos."

“Las montañas constituyen un mundo aparte:
son menos una parte del planeta que un reino independiente,
insólito y misterioso, en el que las únicas armas para aventurarse
son la voluntad y el amor.”

"Gracias a esta ascension, a esta nieve, a esta tempestad, acabamos de conocer en el fondo de nuestras entrañas y de nuestro corazón una gran plenitud: la de la vida desbordante en relacion con los elementos, la del sentido de la camaraderia y el gusto por las cosas, que una vez probadas, se nos antojan insustituibles".

Gaston Rébuffat


Gaston Rébuffat (1921-1985), alpinista y guía de montaña francés. Hombre de profunda sensibilidad cuyos textos nos contagian su elevado amor por las montañas.

**********************************************************************

"Mientras residía en Marsella, soñaba siempre con ascensiones. Todos los inviernos esperaba la llegada del mes de julio con impaciencia, y por fin llegaba el día de emprender la marcha hacia Ailefroide o Chamonix. Pasaba algunos días en las cumbres, y después me tocaba esperar un año más, así que, un día, decidí vivir en la montaña y me hice guía.

¡Exigente juventud que no se conforma con términos medios!
La profesión de guía es una de las más hermosas que existen, porque el hombre la ejerce sobre la tierra que aún permanece virgen.
En nuestros días, pocas cosas siguen siendo como eran; ya no existe ni la noche, ni el frío, ni el viento, ni las estrellas. Todo se ha neutralizado. ¿Dónde está el ritmo de la vida? ¡Todo va tan aprisa y hace tanto ruido! El hombre con prisa ignora la hierba de los caminos, su color, su olor, sus reflejos cuando el viento la acaricia.

Qué curioso es el encuentro entre la naturaleza humana y los relieves del planeta: hombres en completo silencio. ¿Una fuerte pendiente de nieve dura como un cristal? La escalan y rubrican su trabajo: una huella irreal.

Las noches que se pasan en la montaña se cuentan entre los recuerdos más hermosos de la vida de un alpinista; pero lo que nunca se olvida son los vivacs a la intemperie, bajo las estrellas.

Al final de la jornada, el alpinista busca un rellano, coloca su mochila en el lugar idóneo, introduce un clavo y se ancla a él; después del duro y acrobático esfuerzo de la ascensión, medita como lo haría un poeta, pero integrándose más que éste en la vida de la montaña. El hombre que vivaquea liga su propia carne a la carne de la montaña. Sobre su lecho de piedra, adosado a la gran muralla, frente al familiar vacio, ve, hacia su izquierda, cómo se oculta el sol en el horizonte, mientras el cielo extiende en la parte opuesta su manto de estrellas. Primero permanece en vela, luego se duerme, si puede; se despierta, observa el cielo, se vuelve a dormir.


Conozco a muchachos entusiastas que huyen de la ciudad los fines de semana para ir a los bosques de Fontainebleau o a las Calanques; el domingo escalan, pero el sábado por la tarde vivaquean, para disfrutar de la naturaleza y del universo.
Algunos alpinistas se sienten orgullosos de haber realizado todas sus ascensiones sin vivac. ¡No saben lo que se pierden! Lo mismo que aquellos a los que sólo les gustan las ascensiones sobre roca, o sobre hielo, o únicamente las aristas o las paredes. No hay que rechazar ninguna de las mil y una maravillas que la montaña nos brinda, ni limitar o apartarse de nada. Tener sed, tener hambre, poder ir muy deprisa, saber también avanzar lentamente o incluso detenerse a meditar. ¡Vivir!

Fragmentos extraídos de Estrellas y borrascas de Gaston Rébuffat
(Desnivel ediciones)





No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada